La DESNUTRICIÓN CLÍNICA no se controla actualmente

La DESNUTRICIÓN CLÍNICA

No se controla actualmente

Incluso el Consejo de Europa en su Resolution ResAP(2003)3 on food and nutritional care in hospitals y las principales Sociedades Científicas que se ocupan de la desnutrición en el entorno hospitalario o relacionándola con la enfermedad, han analizado la situación y emitido una serie de consejos.

Cuando el médico responsable de velar por la reducción de este problema en su práctica clínica pretende seguir los consejos vigentes actualmente, los encuentra inviables. Y la consecuencia es que sigue sin controlarse el grave problema de la DESNUTRICIÓN CLÍNICA (DC), persistente en nuestros hospitales y residencias de crónicos.

Las causas estriban en

  1. La mala interpretación de hechos básicos, fundamentales en materia de desnutrición
  2. La elección errónea de las herramientas seleccionadas para su detección precoz y control continuado.

El primer error es interpretar como desnutrición primaria o carencial a la trofopatía clínica o desequilibrio nutricional generado por la enfermedad y su tratamiento, como vimos en la anterior exposición.

El segundo error que nos mantiene lejos de la solución del problema en hospitales y residencias, deriva en parte de lo anterior y es la elección errónea de las herramientas seleccionadas para su detección precoz y control continuado. Todos ellos se basan en datos anamnésicos y antropométricos.

Los procedimientos aconsejados por nuestras sociedades europeas, a las que han seguido muchas nacionales y el propio Consejo de Europa, se basan en parámetros útiles para el diagnóstico de una desnutrición ya patente, pero resultan imprecisos al pretender detectar y valorar cambios producidos en el sujeto enfermo en periodos clínicos de tan solo horas, pocos días o a lo sumo escasas semanas.

El tiempo barrido en estos sistemas de cribado busca variaciones en la ingesta de hasta seis meses atrás. Ya me contarán qué utilidad tiene esta medida en los controles que se aconseja se realicen semanalmente. Igual ocurre con la pérdida de peso registrada en los últimos uno a tres meses.

Las herramientas utilizadas no captan los cambios producidos hasta que la desnutrición está ya consumada. Esto significa que no detectan a tiempo el riesgo nutricional, especialmente cuando se trata de vigilar la evolución de un episodio clínico agudo.

En ambos casos, además, hay que contar con que se disponga de personal,  tiempo y medios para hacer las encuestas y mediciones antropométricas, que el paciente pueda responder a estas preguntas y que esté en condiciones de ser pesado o medido.

La falta de utilidad de estos procedimientos se evidencia por varios aspectos:

Resultan obsoletos. Están desfasados en el tiempo y ninguno recurre a sistemas automatizados para ganar en utilidad, rapidez, precisión, economía

Imprecisión: Al basarse en procedimientos artesanales y manuales su gran componente subjetivo y la carencia de precisión inter- e incluso intraobservador no resultan de confianza en situaciones de riesgo.

Costosos:  para mantener a personal entrenado y dispuesto a repetir las medidas semanalmente, mas las molestias que acarrean para el paciente.

Son técnicas que, desarrolladas meticulosamente, pueden incorporarse a la evaluación del estado nutricional de una persona en un momento dado (trabajos de campo, pe.), pero no como procedimiento de cribado para la detección precoz de una alteración nutricional activa, generada y alimentada por un proceso patológico y sus consiguientes procedimientos terapéuticos. Entre la enfermedad y los tratamientos se producen cambios demasiado rápidos para pretender detectarlos artesanalmente.

A raíz de los primeros trabajos de Bistrian y Blackburn en la década de los 70 del siglo pasado, sobre la prevalencia de la desnutrición en el hospital y sus consecuencias, se empezaron a desarrollar sistemas de detección de la desnutrición e índices de riesgo nutricional, basados tanto en la anamnesis como en la exploración y datos analíticos. Desde finales del siglo pasado se ha abandonado la aplicación de datos analíticos a la tecnología del cribado nutricional y no se ha producido ningún progreso.

Las grandes Sociedades Científicas que se ocupan de la desnutrición han fomentado el uso de herramientas de cribado pero utilizando parámetros antropométricos y algunos anamnésicos basados en la disminución del apetito y la ingesta, para el desarrollo de herramientas de cribado o screening, lo que requiere demasiado tiempo y formación de un personal cada vez mas escaso.

La consecuencia es que no se controla. Y mucho menos en programas de seguimiento semanal. Dado cómo están las cosas hoy día, esto no se puede ni protocolizar.

¿Podremos llegar a controlar la desnutrición clínica y combatirla a tiempo?

 

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